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18.2.12

El sentido del sexo

El sentido del sexo


"La persona humana es una estructura compleja. No es simplemente corporal, como los animales, pero tampoco es una especie de espíritu embutido en una funda de carne. El cuerpo no es para el alma una cárcel de la que liberarse, como opinaba Platón. El cuerpo no es tampoco un simple instrumento, manejado por un espíritu independiente y! aséptico que lo puede dominar a su gusto: eso seria caer en un espiritualismo barato. El cuerpo es parte esencial de la persona, de la personalidad, y del ser humano cómo individuo.


El hombre es una estructura compleja y unitaria de corporalidad y espiritualidad. Lo espiritual tiene una expresión también corporal. Diversos aspectos del alma se expresan en diversos aspectos del cuerpo. Vemos con los ojos, oímos con los oídos, hablamos con la boca, expresamos nuestra alegría o tristeza con la cara, los gestos, la voz. Bailamos, gritamos o saltamos, reímos y lloramos. Y todo esto son expresiones corporales de situaciones de nuestro espíritu. Como dice el refrán, «la cara es el espejo del alma».


Del mismo modo, la sexualidad, además de su función generativa, es, en su dimensión más profunda, expresión corporal de nuestra capacidad de amar, de entregarnos a otra persona y recibir su entrega.


La libertad y la capacidad de amar son lo más grande e intimo que tiene la persona humana. Por eso, la sexualidad ' en la medida en que es expresión corporal de esa capacidad de amar, afecta al hombre de manera íntima y profunda, tanto para bien como para mal.


Amistad y amor

La persona humana tiene grabada en su interior la necesidad de ser conocida y amada, de conocer y amar a otros. Necesitamos que los demás nos conozcan, nos comprendan, nos acepten y nos amen. Y necesitamos conocer, comprender, aceptar y amar a los demás. La persona humana está hecha para este diálogo con otras personas. Pero hay diversos tipos de amor.


El amor entre padres e hijos, por ejemplo, es distinto del amor de amistad entre amigos. Hay cosas que se cuentan a los padres, y hay otras que se cuentan a los amigos. Necesitamos el cariño de nuestros padres para unas cosas, y el de nuestros amigos para otras. Pero no nos basta con esos amores. La persona humana necesita entregarse, darse a conocer y amar de una manera más profunda, total.


Ese amor total incluye toda la persona, tanto su alma como su cuerpo. En ese amor, uno necesita decir y expresarlo todo, hasta lo más intimo, en la confianza de que el otro va a comprenderte y aceptarte tal y como eres. Hay una confianza absoluta que permite y exige abrirse del todo, y requiere también recibir al otro con esa absoluta confianza, tal y como es. Esto es lo que se llama amor esponsal.


En este tipo de amor, interviene también el cuerpo, porque interviene la persona entera. El afán de entrega y de posesión, de saberse recibido y poseído, pretende llegar hasta lo más intimo. No se trata sólo del tocar sensible, el amor busca también «tocar», poseer la intimidad del otro, y ser poseído hasta en lo más íntimo por él. Pero, en el amor humano, esa plenitud de identificación es imposible de alcanzar. Y, por eso mismo, tampoco se debe pretender alcanzarla de modo pleno, porque produce inevitables daños y desilusiones.


En el amor de entrega total con las limitaciones ahora esbozadas, hombre y mujer se entregan el uno al otro con alma y cuerpo. El cuerpo juega un papel esencial porque, como hemos visto, el cuerpo es parte esencial de la persona humana. Por eso la entrega total es el amor sexual. El sexo es la expresión corporal de nuestra capacidad de amar. También por eso, si Dios le pide a una persona que le dé el corazón entero, sin intermediarios, le pide también el cuerpo, y esa persona no deja que su corazón se enamore de otra, ni se casa (es el caso de un sacerdote, por ejemplo).



El amor sexual

La simple amistad con otro, por muy honda que sea, no significa que uno le entregue toda su persona y su vida, su alma y su cuerpo. Ésa es la diferencia entre la amistad y el amor sexual entre hombre y mujer. La misma estructura corporal y psicológica de los sexos expresa esa mutua referencia: el hombre está capacitado, en el alma y en el cuerpo, para entregarse enteramente a una mujer, y viceversa.


Se pueden distinguir tres niveles, que integran el amor entre el hombre y la mujer:


1. El atractivo físico: es el nivel más elemental, está siempre presente, y es común a la naturaleza animal. Por si sólo no basta para fundamentar un amor humano de verdad, pero si está ausente, la cosa no marchará. En este nivel, el otro puede ser también considerado como un simple objeto de mi apetito sexual. Más que amar, eso sena usar a otro como si fuera una cosa.


2. El enamoramiento afectivo: es una sintonía entre los caracteres de las dos personas, que hace que estén muy a gusto juntos, que les guste conocer los detalles de la vida del otro, etc. Es ya algo típicamente humano, aunque no basta todavía para un amor completo.


El enamoramiento es un fenómeno espontáneo, no voluntario. Uno no decide fríamente enamorarse de una persona. Uno, sin saber cómo, se encuentra enamorado. Y ese enamoramiento se debe a los aspectos positivos y agradables del otro; no percibe sus defectos.


También sucede a veces que a uno le guste más el simple hecho de «estar enamorado» porque produce una sensación de entusiasmo, que la persona misma de quien se enamora. Ese enamoramiento se tiñe entonces de egoísmo. No seria verdadero amor. En cualquier caso, para cuajar, el enamoramiento tiene que pasar al tercer y último nivel.


3. El amor personal: es mucho más que el enamoramiento. No es sólo un proceso espontáneo, sino que se transforma en una actitud libremente asumida. El amor, que ha surgido sin intervención de la voluntad, se convierte en una decisión, tomada libremente, de entregarse al otro, amándolo tal y como es y como será, «en la riqueza y en la pobreza, en la salud y en la enfermedad».


Es un amor con el que acepto a la persona entera, no sólo con las cosas buenas que me enamoran, sino también con los defectos que me molestan. Y la acepto como alguien que va a compartir y condicionar toda mi vida. La quiero, no por ser así o de la otra manera, sino por si misma. La quiero a ella (a él), sin más, y para siempre. Y le entrego todo, me entrego yo mismo, corazón, cuerpo y vida entera.



Integración de los tres niveles

Estos tres niveles se van integrando el uno en el otro. El más bajo es -en cierto modo- condición del siguiente. Pero el superior, cuando tiene fuerza suficiente, es capaz de vencer, hasta cierto punto, y reforzar la posible debilidad de los niveles inferiores.


El amor personal se apoya en los dos niveles anteriores, y los supera. Los otros dos están hechos para poder expresar y realizar esa entrega total de la persona. Esto se nota, por ejemplo, en que el enamoramiento afectivo y la excitación corporal tienden a absorber totalmente a la persona, pues están hechos para poder expresar la entrega total del propio yo.


La misma dinámica física del sexo, que enloquece y está hecha para llegar al final, es una expresión adecuada de ese amor libre y voluntario de la persona que se entrega del todo, hasta el final. De quien está enamorado en serio se dice que está loco de amor. La locura de la carne está hecha para poder expresar y realizar esa locura del espíritu que es la entrega total a otra persona.


El amor es lo más intimo y lo más grande que tiene la persona humana, lo que le absorbe entero. Por eso, el placer que se deriva de su expresión corporal en el amor conyugal, es el más grande de los placeres corporales, y el que más absorbe. Lo mismo pasa con el entusiasmo que provoca el enamoramiento afectivo, que le saca a uno de si mismo, para hacerle vivir en el otro. La alegría y la felicidad de la mutua entrega de las dos personas, se apoya y se une al placer de la afectividad y del cuerpo."



Foto de portada pixabay/stockpic
Fuente: http://www.encuentra.com/articulos.php?id_art=6290&id_sec=141

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